Uno lee, “Wallace”, “Zombies”, “dados” y “subastas” y solo puede pensar una cosa:

“¿Pero qué invento es esto?”

“Sois destructores”

Y es que, para ir al grano y para que los fieles del Wallace más añejo puedan ahorrarse el tiempo de la reseña y tener tiempo para ordenar los calcetines por orden alfabético, este juego es una mezcla ligera de azar y una subastilla sin demasiada profundidad. Una cosa divertida, desenfadada y sin muchas pretensiones muy alejada del concepto de juego profundo y de copa y puro de los inicio del jefe.

Una de las bazas fuertes es la estética y diseño de los componentes, que ayuda a simular ese ambiente “apocalíptico”, sin renunciar a la madera de la buena: zombieples y dados de madera personalizados señooooora.

¿Y de qué va el juego?

Os lo narro rápido, para cuatro jugadores (que es a lo que hay que jugarlo, luego hablamos de eso):

Le damos a  cada uno unos supervivientes (meeples), y unas chapas de tres colores, que son los tres recursos del juego: adrenalina, balas y gasofa.

Y colocamos cuatro caminos, cada uno de dos cartas.


Ahora se hace una subasta, muy sencilla, que se pagará con los recursos (chapas), para decidir el orden de turno. ¿Y por qué nos interesa ser el primero en elegir? Porque puede haber caminos (cartas), más difíciles que otros.

Si os fijáis en las cartas, tienen cuatro elementos:
1) iconos a la izquierda, que son siempre recursos que nos dan
2) texto (no todas) en el medio, que suelen dar beneficios o perjuicios
3) manos… que son los zombies a los que nos tendremos que enfrentar.
4) estrellas, que son los puntos que da la carta si la superas sin huir.

Sin alagarnos mucho, en las cartas nos tendremos que enfrentar a los zombies a distancia, pagando con balas, huir pagando gasofa o pegarnos cuerpo a cuepro con los dados… lo que es una ensalada de azar, gracioso, limitadamente controlable gracias a las chapas de adrenalina, pero en la que podemos ir perdiendo nuestros supervivientes… y ojo porque si perdemos todos los supervivientes (muy frecuente) estaremos eliminados de la partida.

Y no hay mucho más. Quizá las fichas de poker, que vienen a representar “incidencias” que pueden reaparecer posteriormente (hay un número de cartas al azar de los mazos que se retiran para que no se tenga la certeza de qué va a salir en la partida) para perjudicar o beneficiar, y que pueden condicionar la elección de algún camino.

Ah, que al final de la partida sumarás tanto los puntos de las cartas que ha superado a unos puntos que se dan por tener “mayoría” de cada uno de los tres recursos y también por más supervivientes.

Es cierto que el “desgaste” que tengas en la subasta puede ser muy determinante, pero esa es la escasa gestión que en realidad tendrás que hacer, junto con mirar de reojo cómo van las pilas de recursos de lso compis para intenter pugnar por una mayoría. El resto está en manos de los dados.

SENSACIONES

Este es un juego ligero, ágil, para divertirte viendo lo que pasa en las tiradas de dados y lanzándole maldiciones al de al lado y reirte con lo que pase, no para sufrir ni quemar neuronas. No voy a mentir, yo esperaba algo con más profundidad y que de un tema como el que es sacara algo más interesante, pero no podemos decir que el juego sea malo, sino que no está hecho para satisfacer al público eurogame profundo de toda la vida.

A cuatro puede tener un pelín más de “chicha”, pero yo también lo recomendaría como “push your luck” (casi quitando el “push”) para jugarlo a dos como un estretenimiento ligero.

Podríamos decir que es el acercamiento al mundo “filler” de Wallace.

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