Si hay un autor que marcó mi infancia fue Julio Verne.  Sus obras literarias contaban historias geniales de un futuro que él imaginaba y que en mayor o menor medida se han ido cumpliendo a lo largo de la historia. No es que fuera un vidente o un oráculo, sino que su capacidad para desarrollar en su cerebro las tecnologías del futuro eran simplemente increíbles.

Pero no en todas sus novelas aparecían estos inventos futuristas. Había otras que contaban historias maravillosas capaces de sumergir al lector en su trama.

Una de estas historias fueron las andanzas de Miguel Strogoff un correo del Zar que se enfrentó a grandes peligros para salvar al Zar.

Comenzamos…

Ficha Técnica

  • 1 a 5 jugadores (recomendable 3 ó 5)
  • Duración: 60 minutos aproximadamente.
  • Diseñador: Alberto Corral
  • Ilustrador: Pedro Soto
  • Mecánicas: Gestión de mano, roll de dados, movimiento punto a punto, push your luck.

Componentes:

Devir se ha cuidado muy mucho de los componentes de este título, un juego en el que lleva mucho tiempo trabajando y del que, entre otras cosas, destaca su puesta en escena. El tablero general y los individuales son gruesos, lo cual se agradece sobre todo en la tendencia de implementar tableros individuales de grosor de cartulina.

Los meeples están personalizados para el juego y hay una suficiente cantidad de cartas para este titulo. A destacar el trabajo de su ilustrador Pedro Soto en este título, su diseño es un plus muy interesante que sube varios puntos la calidad del acabado final.

Temática:

Miguel Strogoff es un mensajero del Zar al que se le ha encomendado una peligrosa misión, debe recorrer más de 5.500 kilómetros plagados de enemigos y peligros, el motivo es hacer saber al hermano del Zar que Ogareff, un horrible traidor, pretende asesinarle.

Los tártaros se han sublevado y tras invadir Siberia han cortado todas las lineas de comunicación entre Irkutsk y Moscu.

Miguel Strogoff se verá envuelto en peligrosos episodios para intentar alcanzar el éxito y llegar al fin de su increíble viaje a través de las estepas rusas, con el mensaje del zar a su hermano, el gran Duque.

Con esta magnifica historia de Julio Verne ambientamos esta carrera contrarreloj en la que deberemos ser el primero en tener éxito en nuestra misión, hacer llegar el correo al hermano del Zar y tal y como sucedió en la novela asesinar al malvado Ogareff.

Explicación:

Una de las grandes ventajas de Miguel Strogoff, parte de la base de su explicación. Este juego se explica en muy poco tiempo e hila muy bien con el tema del juego, por lo que es muy sencillo encontrarle sentido a las mecánicas que nos vamos a encontrar durante el desarrollo de la partida.

En el turno de cada jugador tendremos varias acciones disponibles y ejecutaremos una de ellas:

  • Mover nuestro meeple y robar una carta de peligro de la ubicación.
  • Descansar para hacer dos acciones de recuperación (robar cartas, darle la vuelta a una carta o recuperar 1 de energía.
  • Resolver los peligros que lastran nuestro camino.

En nuestras reseñas no ahondamos en las explicación de cómo se juega, para eso os recomendamos algo mas visual. En el caso de Miguel Strogoff, os dejamos tutorial de Espacio Reticulado.

Conclusiones:

Miguel Strogoff es una carrera con ciertos tintes temáticos, y posiblemente nostalgia por parte de los conocedores de la obra de Verne. La parte más atractiva de este juego viene derivada justo de esa parte: ver cómo tus rivales se atreven a enfrentarse o no contra los tártaros, cómo tientan a la suerte a la hora de enfrentarse a los peligros, o incluso el combate final contra Ogareff.

Es justo en este entorno en el que tenemos que valorar Miguel Strogoff, ya que se puede tachar a este título de azaroso.  Sin embargo,  creo que eso es justo una de sus virtudes, la diversión de este tipo de títulos viene de ese componente sorpresa en el que no sabes lo que te va a suceder o en el que maldices la suerte que te ha tocado vivir. Casi con toda seguridad, en ese mismo momento odiarás este título, pero será este suceso el que recuerdes luego, y provoque risas con tus compañeros.

El resto del juego nos plantea una carrera contra nuestros rivales en el que el primero en llegar no siempre será el ganador, si no que ganará el que llegue antes en las mejores condiciones (que eso de llegar medio muerto no sirve).

A su favor juegan: una duración contenida para un juego que plantea un push your luck. Si hay algo que creo que es muy importante en este tipo de juegos, es el tiempo que exigen: estar 40 minutos tentando a la suerte y viendo sufrir a tus rivales se hace ameno y divertido, pero si esto lo tuviéramos que vivir en 2 horas, sería excesivo para el tipo de juego que es. Esto Miguel Strogoff lo hace muy bien.

En contra del título se encuentra la ausencia de interacción entre jugadores, ya que un poco más de ensañamiento entre rivales podría ser interesante.  Quizás dejaría de hacerlo asequible para el publico menos jugón.

En definitiva, Miguel Strogoff nos plantea una carrera tensa y divertida por la victoria, que nos dará momentos para el recuerdo y que acabarás comentando después de la partida.

Muy recomendable para el publico menos jugón, por su accesibilidad y por ese componente de suerte que iguala a los jugadores.

34 Comentarios

  1. Venga, la anécdota calentita de ayer mismo, ponerme las dos lentillas en el mismo ojo…..XD, obviamente la segunda salió disparada casi al ponerna, pero ojo XD, lo pear de todo es que me puse finalmente las lentillas cambiadas de ojo durante toda la salida en bici XD, así veía raro XDXD

  2. No tengo anécdotas graciosas de Rusia, nunca he estado jejeje. Pero en un viaje a Chequeia con los amigos si tuvimos unos pocos momentazos. En Liberec fuimos a un spa. Éramos 4 chicos y 3 chicas. Estando en la sala de vapor llegó una encargada y empezó a decirnos cosas en checo…no entendiamos nada! Pensábamos que estábamos haciendo mucho jaleo. Al final nos señaló los bañadores y nos dijo con la cabeza que no. El spa era nudista!!!! Cuando llegamos estábamos solos así que no nos dimos cuenta. Como ya estaba pagado nos fuimos los chicos por un lado y las chicas por otro. Esa misma noche fuimos a un mexicano a cenar, uno de mis amigos pidió al dueño pan, Bread, el dueño contestó Brod, Pablo de nuevo Bread, Brod, Bread…era como un partido de tenis jajaja al final le dijo en español Pan! Y nos lo trajo! Fue un viaje inolvidable!
    Facebook: Víctor Luis Guzmán Pecino

  3. Anécdota reciente, mas concretamente a principios de este mismo año en mi viaje a Nueva York, donde me cogió la ola polar ártica (como en la estepa rusa ;)iba cargado con maletones imposibles de arrastrar por la nieve, sin poder ver nada con tanta nieve que caía, los pies enterrados y con un vendaval, encima cancelación de vuelo. Andadura igualita a la de Strogoff con nieve, frio y un traidor que nos esperaba en el aeropuerto cancelándonos el vuelo de vuelta.

  4. Hola camaradas! Ahí va mi anécdota… Pues todo ocurrió una bonita mañana de marzo en León cuando tras hacer una visita de trabajo me dispuse a volver a mi coche. Es muy típico olvidar donde has aparcado tras una mala (o muy buena) noche pero ¿ en un día normal y en tan solo unos minutos?… Entonces me temí lo peor, un robo o puede que el servicio de grúa? Dónde estaba mi coche? Entonces llamé al servicio municipal de recogida de vehículos de León y tras dar mi matrícula…no aparecía ningún vehículo con esos datos… Así que opté por ampliar mi rango de búsqueda aunque era totalmente imposible que mi coche no estuviera en esa calle, y tras andar dos o tres calles más lo ví…un coche rojo aparcado en un zona azul..así que pagué la multa y me fui con una mezcla de enfado, tranquilidad y estupidez…

  5. Hace algún tiempo, cuando empezaban los móviles a ser populares, decidimos regalarle uno a una tía nuestra, mayor, que vivía sola.
    Le explicamos el funcionamiento básico: llamar, recibir llamadas y cargarlo.
    Decidimos hacer una prueba con ella y así fue, más o menos, cómo se sucedió la escena:

    -Tieta. Ahora te llamo y contestas, ¿vale?
    – Sí, sí, claro.
    Suena la música politono del móvil
    -¿Y esa música? -dice la tieta
    -Es el móvil, tieta.
    -Ah. Un momento
    Le da a la tecla correcta y descuelga
    – ¿Dígame?
    – Hola tieta. Veo que lo has entendido
    -¿Diga?
    -Soy yo, tieta, que estoy haciendo la prueba.
    -¿DIGA?
    -¡QUE SOY YO!
    La tieta se gira, enfadada, y me dice:
    – A ver. Si me habláis los dos a la vez, no puedo entender nada.

    🙂

  6. Coincidió la nube volcánica de Islandia con un viaje que tenía que hacer a Escocia por temas de trabajo.
    Cuando fui al aeropuerto de Barajas me enteré de que habían cancelado mi vuelo de Madrid a Edimburgo. Como era importante llegar allí cuanto antes, mi única opción resultó ser un vuelo Alicante – Glasgow, así que lo compré y viajé a Alicante en un autobús nocturno para llegar al día siguiente al avión. Al llegar al aeropuerto también cancelaron ese vuelo. Me ofrecían un Málaga – Glasgow para el día siguiente pero al final conseguí que me metieran medio de polizón en un vuelo Alicante – Liverpool que sí salió. Una vez en UK llegué a la tierra de “Isla de Skye” enlazando trenes como en “Ticket to ride”.

    Después de pasar una semana en el país de “Clans of Caledonia” el viaje de vuelta no fue mucho mejor que el de ida.
    – Cancelaron mi vuelo Edimburgo – Madrid.
    – Compré un Glasgow – Madrid para el día siguiente.
    – Fui a Glasgow en tren.
    – Llegué al aeropuerto esa noche porque el vuelo salía muy temprano por la mañana y no sabía muy bien cómo llegar tan pronto al aeropuerto desde la ciudad.
    – Después de no dormir toda la noche cancelaron el vuelo, así que volví a la ciudad, en la que no me dejaron entrar en ningún hotel a dormir hasta las 12.00 que abría el check-in.
    – Finalmente, al día siguiente conseguí un vuelo Glasgow – Málaga que salió. Y una vez en Málaga, el AVE me trajo directamente hasta mi casa.

    Ni Miguel Strogoff, vamos.

  7. Un día iba en un autobús de línea de esos que tienen una puerta delante, una en medio y otra detrás. Estaba esperando en la trasera con un cabreo de mil demonios (no recuerdo por qué), y, al parar el autobús, el chófer abrió la de en medio, pero no la mía. Completamente indignado pegué un grito con todo mi enfado para que me abrieran, pero se me trabó la lengua y dije algo parecido a: “pede bi qui ata” (con voz muy de hombre).

    Al final el chófer me abrió partido de risa y todo el autobús se fue con todos los pasajeros riendo a carcajadas. La verdad es que yo también me bajé muerto de risa. Se me pasó el enfado.

  8. Anécdota!! Anécdota!!

    Hace unos meses, unos amigos fuimos al campo a hacer un asadero de carne, aunque ojalá nos hubiésemos quedado en casa…

    Vamos en el coche y cuándo estamos a unos 300 metros de nuestro destino, el coche se avería y no hay forma de arrancarlo. Tuvimos que empujarlo esos 300 metros por una carretera que no era precisamente llana. Conseguimos llegar y aparcar. Preparamos la barbacoa y cuando las brasas están casi listas para empezar a cocinar… Tragedia!!… Nos empieza a llover T-T

    Nos quedamos sin coche, sin asadero y empapados por la lluvia. Hoy nos reímos al recordarlo pero que mal lo pasamos ese día jajaja

    Un fracaso como los muchos que se pueden dar en Miguel Strogoff

    Twitter: @LuisDezare

  9. Estábamos de viaje con unos amigos por Kirguistán (ex-república Rusa) y nos paramos, como otras veces, a comer en un restaurante de la capital. En todas las ocasiones anteriores siempre había alguien que sabía hablar inglés: el camarero, el encargado, el cocinero… Y si no era así, por lo menos la carta venía en inglés, además de (por supuesto) en ruso o kirguís (que para nosotros era clavado al ruso, claro).

    Pero en esa ocasión nadie sabía hablar inglés ¡y la carta solo estaba escrita en cirílico! Así que para pedir tuvimos que señalar en la carta al camarero lo que queríamos, deduciendo lo que serían los primeros platos y los segundos.

    Claro, cuando llegaron los pedidos no teníamos ni idea de quién había pedido qué. Así que los fuimos repartiendo a suertes, jajaja.

    Menos mal que una de las pocas cosas que sabíamos decir en ruso era piba (пиво): ¡cerveza!

  10. Hola! Os cuento dos anécdotas del mismo viaje mochilero por Sudamerica, las dos primeras que nos pasaron en Brasil. Nada mas llegar al aeropuerto de RIo de Janeiro, vamos al cajero a sacar reales. Mi tarjeta no funcionaba, pero la de mi pareja si. Un pequeño susto que se arregló rápido. El PROBLEMON llegó al cabo de una semana, cuando los dos recibimos un mail del banco diciendo que hemos sacado más de 500 euros del cajero. Obviamente, no éramos nosotros, sino que alguien nos clonó las tarjetas en el mismo cajero del aeropuerto y nos virlaron los primeros 800€ que cada uno habíamos puesto para pasar el primer mes de viaje. Por suerte, teníamos otra tarjeta con el resto del dinero y el banco nos devolvió lo robado, pero lo pasamos fatal durante bastantes días (y no veáis qué experiencia fue estar en una comisaría brasileña, con un tío con esposas a mi lado y los policías con metralletas por todos lados.

    La segunda fue que nos quedamos tirados en medio de una ciudad sin saber a donde ir. Lo dije al conductor del bus el nombre de una plaza, pero mi brasileño es en realidad español con acento gallego y evidentemente no nos entendimos. Total, que estábamos los dos, de noche, en medio de una rotonda sin saber a donde ir, porque no teníamos ningún hotel contratado, sino que íbamos a casa de una señora de Couchsurfing. Al cabo de un rato, vemos que hay unas furgonetas que se paran a un lado de la rotonda y para allá que vamos. Encontramos una señora y le preguntamos si conoce la plaza. Os prometo que es verdad: tuvimos la gran surte que la señora era medio argentina y que justamente era vecina de nuestra couchsurfer (qué probabilidades había?) y ADEMÁS va y se para su dentista en coche y nos lleva directamente a casa de nuestra coucher, que vive en medio de una favela. La señora se llamaba Telma y no sabéis la suerte que tuvimos, porque era IMPOSIBLE que consiguiéramos llegar a casa de nuestra coucher a esas horas de la noche cruzando la favela.

    Si queréis comprobar que es verdad, lo podéis leer en nuestro blog: fillsderuta.wordpress.com 🙂

  11. ¡ANÉCDOTA!

    Pese a no haber visitado nunca Rusia, hace un par de años estuve viviendo en la capital polaca, Varsovia, ¡¡por lo que podría decir que he estado en el Imperio Ruso de Miguel Strogoff!!

    Pues bien, aunque tengo una cantidad de anécdotas interesante que bien podrían ser catalogada como una serie de catastróficas desdichas… Voy a contar la primera que me pasó a mi llegada a Polonia.

    Tras tres días en un hostal buscando piso a muerte, encuentro uno bien situado en facebook con unos compañeros que parecían simpáticos. Ese mismo día quedo con ellos en la puerta del piso para verlo todos y decidir qué hacer. Ya que todavía no me había asentado en la ciudad y no tenía tarjeta SIM con wifi, me agencio un mapa de Varsovia en la recepción del hotel y me marco el río Vístula como referencia clara. Empiezo a andar por una avenida… y ando… ando.. ando… 30 minutos andando y mirando el mapa cada vez más convencido de que eso no era realmente Varsovia. Toca preguntar a esas personas que llaman polacos y que se caracterizan por ser tan simpáticos (ironía). Tras sudar sangre y lágrimas para que uno de ellos entendiese el nombre de la calle (no son muy agradables y teniendo en cuenta que la calle ese escribía Plocka y se pronunciaba Puotska) me entero que tras ya cerca de 45 minutos andando estaba mirando el mapa mal e iba en dirección contraria, el río no está al sur sino al norte…

    Me reuní con mis futuros compañeros 2 horas tarde, ya habían visto el piso y firmado el contrato y lo mejor es que para pagar menos (ya que se pagaba por inquilino) dijeron que eran solo ellos 3 cuando realmente éramos 4. Estuve todo el año escondiéndome debajo de la cama (literalmente) y escondiendo todos los objetos personales para que por ejemplo hubiese 3 ordenadores y no 4 cada vez que la casera tenía que pasar por casa para algo… jajajajajajaja

    El último día en el piso nos hicimos una foto y se la regalamos a la casera que se rió yo creo que pensando que había tenido un año un fantasma en casa o algo jajajajaj

  12. La historia que voy a contaros a continuación sucedió en O Monte do Gozo, residencia universitaria en santiago de Compostela.

    Una noche de Octubre unos cuantos compañeros de la residencia habíamos salido de fiesta por los bares de la capital gallega. La cosa se alargó y cuando volvíamos al complejo para un merecido descanso ya hacía algunas horas que había amanecido.

    A la altura de la cafetería, situada cerca de la entrada del recinto y separada de los pabellones por una pequeña zona ajardinada, uno de nosotros al que llamaré M, empezó a sentir una imperiosa necesidad de expulsar por via urinaria toda la cerveza que había ingerido a lo largo de la noche.

    M empezó a sopesar sus opciones. En otras circunstancias cualquiera de los árboles próximos sería una buena opción, pero a primeras horas de la mañana la cafetería estaba abarrotada y el habitual trasiego de estudiantes le privaba de la intimidad que consideraba indispensable.

    En pocos segundos la solución se le reveló a nuestro compañero.

    Con cierto apremio, M rodeó la cafetería y, una vez en la parte trasera del edificio, abrió el orificio apropiado de sus pantalones y sacandose la chorra comenzó a evacuar aliviado contra la pared del edificio.

    Debido al alcohol aún hoy no estamos seguros de si M advirtió que todas las paredes de la cafetería eran de cristal, pero seguro que tanto nosotros como los que estaban disfrutando de sus cafés recordaremos el incidente unos cuantos años.

  13. Era nuestro primer viaje a Madrid, la estábamos pasando tan bien, que decidimos posponer nuestra vuelta en tren.

    Para ello, nos dirigimos a una de la oficinas de billetes, súper céntrica y ultra abarrotada, con intención de cambiar el día de los billetes de vuelta. Estaba hasta los topes de gente, colas tremendas,… el pero escenario que os podáis imaginar. Total, por suerte para nosotros, funcionaban a base de un sistema de colas a través de tíquets (rollo eso de coger número en la cola de la carnicería). Todo era muy pro porque el sistema te daba una previsión de cuánto tardaría el asunto hasta que nos llegara el turno.

    Como la previsión no era muy esperanzadora (estamos hablando de horas), fuimos a dar una vuelta por los aledaños.

    Una vez iniciado el paseito, el colega que llevaba el resguardo, advirtió una salida de ventilación de un parking subterráneo (la verdad es que era muy grande y generaba mucha corriente de aire). Entonces vio como un papel que estaba situado justo encima, empezaba a revolotear con cierto gracejo poético (era principios del 2000, y Amercan Beauty había hecho estragos). En esas que se rebuscó en los bolsillos en busca de algo que ofrecer a ese tan magno chorro de aire subterráneo, y ya podéis imaginar que fue lo primero que sacó de ellos. Lo colocó sobre ese géiser de ciudad y el papelillo empezó a moverse sutilmente sobre las rendijas. Obviamente, nadie de los allí presente pensó que se trataba de nuestro boleto dorado para ser atendidos en ventanilla. El resguardo estuvo varios segundos en una suspensión mágica de vaivenes suaves hasta que violentamente salió despedido hacia la carretera adyacente y, devorado por la jungla de coches que en ella transitaban, desapareciendo sin dejar el más mínimo rastro. A todo esto, los allí presentes presenciamos TODA la escena con total pasividad, embobados por la magia del momento. Una vez de vuelta a la realidad, uno de los más avispados dejó caer:

    -Oye, qué papel era ese?? No seria el resguardo de la Renfe??

    -Oops!!

    Twitter: @laFogueraSbd

  14. Poner un plástico antivaho en el casco y no ver casi nada.
    Después de 3 días con el me dije a mi mismo que algo estaba mal. Lo saque y mi sorpresa fue que tenia plastiquito de protección, el cual se tenía que sacar!
    Ahora ya me veo al conducir con la visera! 🙂

  15. Estando de viaje con amigos en las Islas Lofoten, todo completamente nevado, iba conduciendo un coche de alquiler por una carretera secundaria no muy ancha cuando vi a lo lejos un camión aproximándose. Eché el coche a la derecha y reducí un poco, el camión seguí acercándose. ¡No ibamos a caber!. Tuve que echar el coche un poco más a la derecha y reducir un poco más. El camión a 100 metros, seguíamos sin caber. En el último momento eché el coche un poco más a la derecha, el camión pasó volando como una exhalación a sólo unos centímetros. ¡Estabamos salvados! Entonces oigo la nieve virgen cruji bajo la rueda y el coche patina y se desliza en una zanja en la cuneta.

    Menos mal que el camionero se percató y paró a remolcarnos fuera de la zanja. Hay fotos.

  16. Una anécdota que me viene es en un viaje a Austria un amigo todo el viaje con que quería comer un codillo. Llegamos a un buen restaurante y el tío, sin tener ni papa de alemán y sin querer preguntar a nadie decide que una palabra del menú tenía que ser el codillo ¡está clarísimo que esto es el codillo! decía… las risas fueron de escándalo cuando le trajeron su pedido y resultó ser una sopa de col

  17. Una tarde salimos mi pareja y yo con unos amigos, bebimos muchísima cerveza (demasiada) y volvimos por la noche a casa. A nosotros nos gustan mucho los animales así que ese día casualmente teníamos en casa a dos gatitos cachorros, muy bebés, de acogida temporal, y durmieron en nuestra habitación con nosotros.
    Resulta que yo a mitad de noche me desperté porque me vino un fuerte olor a caca. Encendí la luz y vi que había sobre su pierna una mancha marrón, pensé que efectivamente sería mierda así que busqué enfadada a los dos gatos y los metí en el transportín por haberse cagado encima nuestra.

    El caso es que al día siguiente por la mañana fui al baño y me encontré el bidé marrón, bueno… Y la toalla de lavarnos las manos también. Yo ya me quería morir del asco y no entendía nada. En ese momento apareció mi pareja con el culo al aire y le dije: “¿Que ha pasado en el baño?”, a lo que contestó: “No sé, será de anoche cuando me cagué”.
    Mi respuesta fue: ¿Que te QUÉ?

    Tras este giro de acontecimientos busqué a los pobres gatos que había encerrado esa noche enfadada y me los llevé a otra habitación a dormir todos juntos mientras el monstruo de la caca limpiaba todo lo que había ensuciado. La verdad es que fue asquerosamente gracioso.

    Contacto correo: stalmaco7910@gmail.com

  18. Bueno, pues ahí va mi anécdota. Volviendo de Ámsterdam, resulta que mi billete no valía para el vuelo, ya que había overbooking y se habían confundido y un par de cosas más que mi mente no procesaba, pues solo figuraba en mi cabeza….hoy no vuelves a Tenerife. Tras una charla larga y tendida con un recepcionista cuyo inglés era solo un poco más fluido que el mío, comprobamos que ambos sabíamos hablar español en cuanto yo dije, a ver como se decía esto en inglés. Hablamos después de echarnos unas risas, pero la mala noticia llegaba, me daban billete para otro vuelo, pero era dentro de casi dos días. Con un frío que pela, y sin ofrecerme una habitación en un hotel (al parecer aún no estaba esa política en las aerolíneas o se hizo el “ruso” (guiño guiño codo codo)), me dirigí hacia el barrio okupa, donde las fachadas coloridas daban una indicación de que todos eran bienvenidos. Después de entrar, me dijeron que tenía que, ya que no pagaba un duro porque al no tener dinero, realizar tareas que cubrieran mi estancia. Aceptando de buen grado me sentaron en una habitación con una planta de marihuana en el centro de una mesa, y una regadera.

    Las instrucciones eran claras, cada 30 minutos, debía regar la planta realizando una especie de espiral y sin excederme en la cantidad que echaba. Lejos de pensar que era una broma (al fin y al cabo de esa tarea pendía el hilo de poder quedarme) realicé mi tarea lo más diligentemente que pude. Al cabo de 4 horas, me felicitaron, me abrazaron, y me dieron una cama. Esa misma noche, mi compañero de litera de arriba, de entre los 16 que éramos, estaba empeñado en sacarme una foto y que le autografiara un folio con un pequeño dibujo. Con 4 rayones, una dedicatoria, una firma y una foto después, el chico tomó aquel folio como si fuera oro puro. Tras esto, cogí mi vuelo con ganas de volver.

  19. La siguiente anécdota le pasó a un amigo Mexicano que se fue a vivir a Finlandia. Salio de México con ropa de verano y en chanclas. Cuando llegó a Helsinki y salió del avión se cagó de frío y, ¡sorpresa! se había perdido su maleta con toda su ropa de abrigo! Antes de siquiera poder ir a reclamar tuvo que ir rápido a unos grandes almacenes a hacer un compra de emergencia para no morir congelado.

  20. En un roadtrip por Rumanía, tras dejar un hostal de mala muerte en Braosv del que sólo queríamos olvidar su existencia, paramos a echar gasolina y nos dimos cuenta que nos habíamos dejado la bandeja del maletero en la puerta del hostal mientras metíamos las maletas. Así que vuelta al hostal. La recuperamos. Lo que sí perdimos fue el tapón del depósito de la gasolina que alguien dejó encima del coche mientras repostaba y se olvidó de volver a enroscar. Afortunadamente la agencia de alquiler no nos dijo nada.

  21. Cuando estaba de Erasmus hicimos un viaje en coche por Suecia. Al pasar por un pueblecito nos paró la policia, muy amable, para decirle al conductor que iba a 60 cuando tenía que ir a 40 o 50 y procedieron a ponerle una multa de muchas coronas suecas. Y tantas! casi mil euros de multa. Mi amigo el conductor, que ya había terminado sus cursos, decidió adelantar su vuelta a España y cruzar los dedos para que no le siguiera la Interpol. A día de hoy teme volver a Suecia y que le paren en la frontera por moroso.

  22. En un viaje a Irlanda, cuando llegamos al hostal a mi amigo se le había jodido el candado numérico de la maleta, nada, que no funcionaba. Así que procedimos a abrir la maleta separando la cremallera con un cuchillo (truco de viajero) y cual fue la sorpresa cuando no encontramos con un montón de ropa de mujer. El muy idiota se había llevado una maleta que no era la suya. Rojo de vergüenza volvió al aeropuerto donde pudo recuperar la suya.

  23. Un año estuve de intercambio en un pueblo granjero de Inglaterra. Un día volviendo a casa me encontré 4 o 5 cerdos de más de cien kilos en medio del camino y al acercame empezaron a gruñirme. Total que no me atreví a pasar al lado de los cerdos y tuve que saltar una valla para cruzar por el prado donde había vacas. Al contrario que los cerdos, y para mi alivio, las vacas huyeron de mí. Aunque el alivio duró poco porque enseguida apareció un granjero chillándome cosas incomprensibles (el peor inglés que he oído nunca) mientras yo casi llorando intentaba explicarle que no quería ser comida por los cerdos y que sentía haber asustado a sus vacas.

  24. Un invierno durante una nevada viajé en autobus desde Zaragoza a Valencia, en la parada de la estación de Teruel el conductor dijo que no podíamos seguir porque estaba cortada la carretera y que él se volvería a Zaragoza en unas horas. Ahí me quedé tirada en la nieve con la maleta en la mano. Bajé a la estación de trenes, y compré un billete para Valencia un minuto antes de que la megafonía anunciase que se cancelaba la circulación de trenes (menos mal que me devolvieron el dinero en el acto). Así que tocó volver a la estacion de autobuses cruzando Teruel nevado para volver a Zaragoza y desde allí, ir en tren a Valencia pasando por Madrid.

  25. Invierno. Noche cerrada. Muchísimo frío. Me dispongo a bajar de un avión que me dejaba en la ciudad noruega de Bergen para visitar a mi novia, que estaba de Erasmus. Ni papa de noruego y lo básico para defenderme en inglés. El viaje ya había empezado regular después de haber tenido que hacer noche en el aeropuerto de salida y de muchas turbulencias durante el trayecto. “Por fin llegué”, pensé al poner los pies en tierra firme. Iluso de mí, no sabía lo que me esperaba…

    Era mi primer viaje facturando equipaje y estaba pelín nervioso. Llevaba mi maleta de mano, aunque tuve que facturar dos más para transportar las ingentes cantidades de comida y ropa de abrigo que mi suegra había mandado conmigo. Recorrerse Europa para un propósito tan noble a lo Miguel Strogoff es algo a tener en cuenta… pero volvamos a la historia. A las maletas. Por las horas apenas había gente esperando a recoger su equipaje en las largas cintas y cuando por fin vi aparecer las mías la cara se me iluminó. Incluso no me importó que un perrete se me acercara a olisquearme los zapatos mientras su dueña no hacía mucho por impedírselo. Siempre fui más de gatos que de perros, pero aquel Beagle me pareció simpático. Antes de que pudiera largarme de allí con mis maletas, la dueña del perro me espetó algo en un idioma que no entendí (noruego), así que con cara de asombro le solté un burdo “Excuse me?” intentando hacerme entender lo mejor posible con mi marcado acento andaluz. Al ver que el idioma vikingo no era lo mío y que quizá pudiera conseguir algo en inglés, la mujer cambió a ese idioma y me preguntó si hablaba noruego (como si no hubiera quedado claro ya). Negativo. Probó suerte con el inglés y, sin saber por qué, también le di una negativa. Supongo que no me olía bien aquello. “Acompáñeme inmediatamente”, me soltó. “¿Que te acompañe por qué?”, pensé atónito. Entonces me percaté de que la dueña de ese perro no era “una dueña normal de perro”, era una vigilante de seguridad y aquel Beagle tan simpático no vino a saludarme porque le caí bien, supongo que estaría buscando droga.

    Vaya por delante que no he consumido droga en mi vida y mucho menos la he transportado en vuelos internacionales, así que no es que estuviera muy acostumbrado a aquello. Me llevaron a una zona apartada repleta de vigilantes de seguridad y uno de ellos, un noruego bajito (¿dónde estaban los tópicos en aquel momento?), me metió en una sala de espera de un tamaño similar a un cuarto de baño. En ese instante yo estaba un poco en shock y en mi cabeza solo revoloteaban esas historias de personas a las que les cuelan droga en los equipajes y se pasan años en una cárcel extranjera. Por suerte antes de que siguiera torturándome mentalmente a mí mismo, el vigilante empezó el interrogatorio. Y digo interrogatorio porque literalmente fue lo que hizo. Por supuesto indagó en toda mi documentación, me preguntó por mi familia en España, me preguntó por mi trabajo, mis estudios, me preguntó el por qué viajaba a Noruega… esa última pregunta me hizo click y que volviera un poco a la realidad. ¡Joder!, mi novia estaría esperando fuera sin saber por qué no salía del avión en el que venía, mientras aquel hombre me taladraba a preguntas. Aproveché para explicárselo y pedirle si al menos podía avisarla para evitar preocupaciones. “Sí, sí, ahora mismo”, me dijo. Me hizo preguntas sobre ella, me hizo mostrarle fotos en mi móvil.

    Después de esto fuimos a por las maletas en la cinta transportadora. Sí, todavía seguían allí dando vueltas. Volvimos a aquella fatídica sala de espera y continuó el show. Tuve que abrirlas para enseñar su contenido. Todo habría ido rápido y bien si fuera una maleta normal. Ya sabéis: ropa, más ropa, un cepillo de dientes, quizá un ordenador portátil y más ropa aún. Pero como dije antes, llevaba dos maletas repletas de comida española para semanas de supervivencia en Noruega. A mi suegra le pareció buena idea añadir especias y similar envueltas en papel de aluminio. A mí también, para qué mentir. Al menos hasta ese momento, pero se ve que al señor vigilante no le gustó la idea porque me hizo abrir todos y cada uno de los paquetitos. El momento álgido llegó cuando al abrir uno de esos aluminios apareció esa sabrosa sal en escamas que llevaba para unos entrecots el día del cumpleaños de mi novia (sí, su madre es muy detallista, desde luego). El tío me miró con cara rara y me preguntó qué era eso. “Sal”, le contesté. Se le torció el gesto y me contestó “¿Solo sal?”. No me jodas, igual se pensaba que yo era el mismísimo Walter White y llevaba dos maletas llenas de chorizos y longanizas de Torrebaja con el único propósito de conseguir colar un paquete minúsculo de metanfetamina (blanca, no azul) en Noruega.

    Luego de probarla y quedarse tranquilo, continuar desmontándome el Tetris de la maleta que tanto tiempo me llevó cuadrar e incluso hacerme abrir un regalo envuelto que llevaba a mi novia, me dejó volver a guardar todo y se fue de la habitación. Pensé que por fin se iba a acabar aquello y que habría ido a avisar a mi novia, ya que aquello se estaba alargando bastante. Demasiado optimista fui. El simpático (sí, es una ironía) hombrecillo volvió y ni corto ni perezoso me ordenó lo siguiente “tienes que quitarte la ropa, tengo que comprobarla”. Sin terminar muy bien de asimilarlo y supongo que harto de la situación, empecé a quitármela mientras se la pasaba para que comprobara que en mi manga de la sudadera o en el pliegue de mis vaqueros no había un par de papelinas de cocaína. Pero en un acto reflejo paré en los calzoncillos. El vigilante se percató y me espetó un agradable “Toda”. Lo miré y solo me salió un “Toda… ¿toda?”. Sí, efectivamente, tuve que quitarme los calzoncillos para que comprobara que allí tampoco había ni rastro de droga. En aquel momento me molestó, luego reflexionando en frío pensé que podría haber sido peor: podría haberme ocurrido en EEUU y que un policía aduanero de 120 kilos me hiciera una comprobación rectal. Bueno, digamos que desnudarme en un frío habitáculo noruego fue un mal menor.

    Aquí no acabó la cosa. Supongo que viendo que no había absolutamente ningún indicio de posesión de drogas, pero suponiendo que el perro se paró conmigo por alguna razón (desde aquí te maldigo, Beagle), el vigilante empezó a hacerme preguntas sobre si consumía algún tipo de estupefaciente. “¿Has consumido drogas en las últimas 24 horas?”. No. “¿Has consumido drogas en la última semana, último mes?”. No. “¿Alguna vez has consumido drogas?”, me preguntó ya como último intento. “En serio, no”, le respondí. Así que se apresuró a calmarme con un “Chico, no soy la policía, no te voy a detener ni nada por el estilo si lo has hecho”. “Perfecto”, pensé, “pero eso no va a cambiar el hecho de que no me drogue”. Entiendo que tampoco le convencieron mis palabras, ya que se marchó para volver con un bote de plástico y ordenarme acto seguido que meara en él. Lo hice, aunque ya bastante cabreado con la situación le pedí que saliera de la habitación si no quería que nos pegáramos allí toda la noche, porque no iba a hacerlo con él mirando. Accedió a salir, llené el bote, se lo llevó y a la media hora volvió con un papel: “Negativo, has dado negativo”. Lo miré con un poco de desdén aliviado por el resultado y harto de estar allí: “Ya lo sabía, ya…”. No obtuve más respuesta que “Perfecto, ya te puedes ir”. ¿En serio? Casi dos horas de mi vida perdidas mientras buscáis drogas inexistentes, en un país extranjero, habiendo pasado con éxito todas las pruebas habidas y por haber… ¿y ni una sola disculpa al menos?

    Cogí mis maletas y me largué de aquella habitación sin pararme a saludar a nadie. Solo quería salir de allí. Cuando por fin atravesé las puertas allí estaba mi novia, prácticamente sola porque hacía ya mucho que la gente de mi vuelo se había marchado, con la cara desencajada. Sí, lo habéis adivinado, el vigilante ni siquiera se dignó a avisarle de mi situación. Todo un dechado de amabilidad y simpatía el señor. Y toda una experiencia, eso también. He perdido la cuenta de las veces que la he narrado ya entre familiares, amigos y conocidos. Al menos me sirvió como aprendizaje y desde aquel día no me acerco a un Beagle a menos de 500 metros. Aunque a decir verdad tampoco he tenido ningún problema más en mis viajes al extranjero… salvo quizá cierta peripecia en el metro de Roma, pero bueno, eso ya es otra historia…

    Contacto Correo: mr-j_vj_mf@hotmail.com

  26. El verano pasado tuve que trabajar muchas horas extra por una fecha de entrega cercana, trabajaba desde casa y hacía videollamadas larguísimas con mi jefe para poder compartir la pantalla del ordenador y trabajar juntos, normalmente teníamos la webcam apagada pero el micrófono abierto aunque pásabamos largos ratos sin hablar durante los cuales cada uno hacíamos nuestra tarea. Una de esas noches, hacia las once de la noche, estaba sentado en el sofá junto a mi mujer, ella leía y yo trabajaba, cuando llevaba ya un buen rato sentado decidí cambiar de posición y puse el ordenador en la típica mesita de salón y yo en cuclillas, una postura normalmente incómoda excepto para una cosa… se me escapó un pedo, en realidad, una sonora y larga pedorreta, justo al instante siguiente de terminar mi mujer hizo un ruido de sorpresa y me hizo caer en la cuenta de que tenía a mi jefe al otro lado de la llamada y que habría oído todo perfectamente, me quedé petrificado pero mi mujer empezó a reirse sin control y aunque intentaba hacerlo en silencio era imposible así que el sonido era como la risa de pulgoso (el de los autos locos) mientras yo le chistaba para que se callara, creo que hasta pasados unos 5 minutos no hubo silencio de nuevo, mi jefe no me dijo nada pero yo esperaba que me mandara a trabajar a siberia cual Miguel Strogoff.

  27. ¿Sabéis eso de que tenéis un miedo irracional y os preguntáis el por qué sin alcanzar a entenderlo? Lo normal, claro, por algo se llama miedo irracional.

    Pues bien, yo tengo fobia a las arañas. Nada extraño, teniendo en cuenta que comparto miedo con miles de personas alrededor del mundo. La diferencia es que yo juraría que conozco la razón…

    Imaginad que tenéis unos 7-8 años. Imaginad que estáis jugando en una piscina familiar ya bien entrado septiembre, cuando el verano da sus últimos coletazos. Imaginad que por las fechas, la piscina ya ha dejado de recibir cuidados, pero aún está lo suficientemente limpia para bañarse, aunque sí que hay algún que otro forraje en el fondo. Imaginad también que vuestro juego consiste en lanzar al agua y recoger una pelota de tenis. En soledad. Supongo que era muy espiritual yo. Imaginad que en uno de esos lanzamientos la pelota sale fuera del agua, pero tú no te das cuenta porque has acompañado el movimiento con una zambullida, así que seguid imaginando que por esa mente inocente e infantil la mejor explicación que encuentras al salir es que la pelota de tenis en lugar de caerse fuera de los bordes (lo lógico), en realidad se ha hundido y es esa forma oscura e irregular que yace en el fondo. ¿Qué podría salir mal? El tamaño concuerda. Por último imaginad que os sumergís en el agua, agarráis “la pelota” y salís a la superficie. Que abrís la mano para poder continuar con el juego, pero en ella no está tu pelota de tenis, está el cadáver de una araña peluda, repugnante y asquerosa. Grande, asombrosamente grande (o eso te parece a ti). Que te quedas paralizado con esa cosa en la mano y el corazón te da un vuelco.

    ¿Sabríais decir entonces por qué tengo miedo a las arañas? A veces pienso que esta anécdota tuvo algo que ver… Ya solo me queda descubrir por qué cada vez que alguien me habla de jugar al tenis, instantáneamente y de forma involuntaria mis piernas echan a correr. Se aceptan sugerencias… Gracias a todos.

  28. Un año fui con unos amigos a Bucarest donde vive una amiga nuestra que conocimos durante el Erasmus. Tras unos días en la capital nos dijo que sus padres querían invitarnos a comer, nos pareció abusar de su hospitalidad, pero total, no teníamos nada que perder así que fuimos. Menudo banquete nos habían preparado. Supongo que no estarán muy acostumbrados a recibir visitas turísticas o simplemente son así de hospitalarios. Lo más anecdótico fue que el padre, antiguo militar del ejercito rumano (como el ejercito rojo, vamos) nos estuvo toda la comida ofreciendo chupitos de palinka y contando chistes subidos de tono para terminar retándonos a los tres a echarle un pulso, ¡tumbados en el suelo! Nos ganó a los tres y se río de nosotros. Kafkiano.

  29. Ahí va mi anécdota!
    Soy profesor en un instituto de secundaria. Y en la sala de profesores está la calefacción a tope y hace mucho calor, por lo que por norma general los profesores cuando llegamos dejamos el abrigo en la espalda de alguna de las sillas.
    Pues bien, es lunes por la mañana a las 8.00 am, y llego a la sala con prisas. Dejo mi chaqueta en una silla, y me pongo a coger todas las cosas que voy a necesitar (libros, cuaderno con las anotaciones de los alumnos, fotocopias de exámenes, etc.) y pensando en todo lo que tengo que hacer (lugar del aula, cómo voy a organizar la primera actividad, etc.) me pongo la chaqueta y con todos los bártulos me encamino hacia la puerta, cuando un profesor compañero me dice:
    – “Hasta luego Inspector Gadget!”
    y yo… “Hasta luego!” (pensando que se referia a todas las cosas que llevaba y las prisas con las que voy siempre).
    Sin embargo, a falta de pocos milisegundos para llegar a la puerta de la sala y enfrentarme al caos de los alumnos que me esperaba detrás, me doy cuenta que algo me va dando en las piernas mientras camino… Miro hacia abajo….
    ¡¡y me había puesto una gabardina enorme XXL de otra persona!! (era del mismo color que mi chaqueta y con las prisas y la mente en otra parte me la había puesto sin pensar!).
    Me giro y me encuentro a varios profesores mirándome raro (por educación no me habían dicho nada, pensando que cada uno tiene sus gustos en abrigos jaja) y me sale del alma: “adios! si esto no es mío!!” Bueno bueno, casi nos caemos por los suelos de la risa que nos dió a los que estábamos en la sala de profesores…. Menos mal que los alumnos no llegaron a ver al “inspector Gadget!

    Contacto: soyboeder@hotmail.com

  30. Mi anécdota de un viaje es muy parecida a la de Miguel Strogoff, casi igual.
    No estaba en Rusia, sino en Arroyofrío, en la sierra de Cazorla, pero creedme que ese año hacía tanto frío que parecía que estaba en Siberia… bueno… más o menos.
    Y me atacó un animal salvaje, como el oso a Miguel Strogoff… bueno… no fue un oso, sino una cabra… y no me atacó, sino que se subió dentro de mi coche nada más llegar y abrir la puerta, y luego no quería salir.
    Bueno, no se parece en mucho a la historia de Miguel Strogoff, pero si no exagero mis anécdotas, no llaman la atención jeje

    Para identificarme para el sorteo mi Twitter es @astron83.

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