Siempre remarco que unas primeras impresiones deben leerse teniendo muy en cuenta que el autor solo ha jugado una (o alguna) partida, con lo que se debe ser muy cauto con la “credibilidad” y “solidez” que se le atribuye a esa “reseña”. En este caso, esta cuestión es más acentuada, ya que en la única partida en la que están basadas estas primeras impresiones estuve perdidísimo y aún hay reglas que no termino de enlazar bien. No obstante, me he animado a dar mis impresiones y sensaciones sobre el juego ya que, quizá, puedan ser de utilidad a aquellos que aún no conocen en profundidad el juego para que puedan contrastar esta con otras reseñas.


Pax Reinaissane es un juego para de 2 a 4 jugadores, que funciona mejor según la BGG a 3, aunque en mi opinión, creo que funciona mejor a 4 (luego hablaremos de esto), diseñado por Phil Eklund y publicado por su editorial de cabecera, Sierra Madre Games, con una duración de más o menos 90 minutos…pero cuya explicación hace que la primera partida se vaya normalmente al doble de tiempo.


Como en la inmensa mayoría de juegos de Eklund, es imprescindible entender el trasfondo temático para dos cosas: entender el juego y disfrutarlo. En este caso el autor quiere representar especialmente dos cosas: la importancia que tiene en el renacimiento (el juego representa el periodo de 1460 a 1530 aprox.) el poder económico frente al poder nobiliario y eclesiástico, es decir, toda una oda al capitalismo como modo de contraposición al feudalismo medieval

y las diferencias entre el mundo “occidental” y el mundo “oriental” recordando que, en esa época, era las “potencias” del oeste las más dependientes de las creencias religiosas y más “conservadoras” en lo ideológico, y las del este las más avanzadas en lo científico y más “progresistas”, algo que con el paso del tiempo cambiará.

La explicación de este juego es de las más duras que conozco. Me había leído unas cuatro veces las reglas en castellano, visionado 3 vídeos diferentes y además explicó el juego un auténtico experto en el juego y en explicaciones, Cartesius, y aún así no terminé de entender los conceptos y las relaciones entre varias de las reglas. Es cierto que estaba cansado y quizá no era mi mejor momento para entender un juego complejo, pero creo que la complejidad del juego y la explicación (imprescindible) de 1 hora larga son un gran lastre.

Esas reglas representan un volumen de conceptos altamente temáticos: reinos, repúblicas, reyes, traidores, herejes, tropas, mercaderes, pirata… una miriada de cosas. Y es verdad que todo tiene mucho sentido, está justificado y bien hilado… pero personalmente tengo dudas sobre si “compensa” tanta complicación para la experiencia de juego que ofrece.

PERO ¿DE QUÉ VA EL JUEGO?

Podríamos decir que los jugadores representan a banqueros que pretenden, gracias a seleccionar a quién desean “financiar” (reyes cristianos, jihads, inquisición…), marcar el rumbo de la historia y hacer que el mundo se oriente hacia el imperialismo, hacia la globalización comercial, hacia la ilustración científica y artística o hacia el totalitarismo religioso.

Esto es lo que representan los cuatro tipos de victoria

y que simplificándolo mucho, consisten en controlar más cartas que otros jugadores de un tipo en concreto (para cada tipo de victoria) de los símbolos de “prestigio” (por ejemplo, esos símbolos de “navegación” y de “protestantismo” de estas cartas).

Podríamos decir que en realidad el juego está basado en eso, en controlar/bajar más cartas que los demás de un tipo concreto, y poder activar la condición de victoria vinculado a ese tipo (activación, por cierto, vinculado con la aparición de cartas de cometa relacionadas con Nostradamus, Copérnico… cromo puro, señora).

El turno, básicamente, consiste en comprar, bajar y activar cartas. La complejidad llega porque las cartas tienen asociadas hasta 8 acciones diferentes, además de otras 6 formas de batalla diferentes.

Una parte importante de las acciones tienen relación con poner, quitar o mover piezas en el tablero (que, sin alargarme mucho, representan nobles, piratas, mercaderes, obispos…)

y esas acciones son también muy temáticas (impuestos, decapitaciones, asedios, votaciones…).

¿Y por qué te interesa afectar a las piezas en el tablero?


Porque con otras acciones de batalla puedes hacer cambiar el “régimen” de un imperio y llevártelo contigo, consiguiendo con ellos los “puntos de prestigio” que proporcionan la victoria.

Como decía antes, quizá una de las principales “complicaciones” del juego sea entender los 6 tipos de batalla diferentes, y que cada una hace que se activen/ataquen a un tipo de pieza diferente con unas condiciones diferentes, así como que las piezas de ajedrez “no son de ningún jugador“, sino que sus colores representan a qué religión están vinculados, y que los cubos (que representan generalmente concesiones por tanto representan económica, recordemos, el núcleo del juego) sí que representan a los jugadores.

La cosa se complica si tenemos en cuenta que esas formas de movilizar piezas y afectar a las cartas, lo que me genera una sensación de “poco control”, o mejor dicho, mucho caos, respecto a lo que pasa en el tablero.

Como veis, algo bastante farragoso, y eso que no hemos entrado a detallar prácticamente nada.

Este es quizá el elemento que me genera sensaciones contrariadas: por una parte hay una miriada de reglas ciertamente temáticas, pero mis sensaciones en esta primera partida es que es una complicación  extremadamente retorcida para un juego que (simplificando de forma quizá injusta) se basa en “compro cartas, muevo piezas sobre ellas para intentar en algún momento reclamar cartas que aportan puntos de victoria, intento evitar los tira-y-afloja por quedarse con esas cartas e intento activar la condición de victoria que me interesa y en la que destaco”.

CONCLUSIONES.

Por el momento, creo que es un juego al que dedicar mucho tiempo de aprendizaje, con un gran lastre como juego que es la extremadamente larga y densa explicación para la corta duración de partida, la sensación de ir perdido en la primera partida y de “caos” y ausencia de control, el lastre que van a suponer los “novatos” en las partidas de los “veteranos” (ya que el kingmaking será más que una posibilidad), pero la fabulosa relación temática de todas sus reglas y elementos, que hacen que los interesados por los juegos histórico-temáticos que no tengan miedo a la densidad de reglas puedan disfrutar del “viaje de aprendizaje” y, con suerte, alguna partida equilibrada y épica con jugones de su nivel.

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